miércoles, 17 de abril de 2013

Chasca, chascón, chasquilla y chasconearse

Una de las primeras palabras que aprendí del chileno, mi polola me preguntaba si estaba chascona. Pues si me explicas qué significa chascona igual puedo contestarte.

La palabra chasca viene del quechua y se refiere al pelo enredado, también significa estrella y en la web Etimologías de Chile  ofrecen varias hipótesis sobre la relación entre la estrella y el pelo despeinado. Uno lo relaciona con el pelo estrellado, y por tanto despeinado, otro con que estar despeinado es estar hermoso, como la estrella, y otro con el planeta Venus, que al reflejarse en el agua se multiplican los haces de luz, como un pelo enmarañado.

Como es habitual, me he puesto a bucear en el Diccionario de chilenismos (1875) de Zorobabel Rodríguez, y como casi siempre he encontrado su versión. Dice así:
Extracto de Diccionario de Chilenismos de Zorobabel Rodríguez
Cortesía de www.memoriachilena.cl
Sea cual sea la relación, no hay duda de que hay algo de poético en el pelo despeinado. Pablo Neruda apodó así, la chascona,  a su amante, Matilde Urrutia, de abundante cabellera rojiza. Y tan amoroso encontró el apodo que así llamó también a la casa que mandó construir en Santiago en 1953. Matilde vivió sola en la vivienda hasta que Neruda se separó de su mujer y se mudó con su amante. Esta casa de Neruda, al igual que la de Isla Negra y la de Valparaíso, ha sido convertida en museo por la Fundación Neruda  y son visitas imprescindibles para quien pase por la zona.

La Chascoña

La chasquilla es lo que en España se llama flequillo, ese pelo que cae sobre la frente. Con mi mujer tenemos constantes debates sobre el peinado de nuestra hija. Ella “sufrió” un corte de pelo “estilo príncipe” que en el colegio lo renombraban cruelmente como “bacinica” y con ese trauma prefiere que nuestra niña no tenga chasquilla. A mí en cambio me gusta verla con flequillo.

Y mi cuñada me enseñó este invierno europeo (verano chileno) el término chasconearse. Me comentaba que al periodista Ignacio Franzani le faltaba chasconearse. “¿Despeinarse? No lo entiendo” le dije yo. Es una expresión en sentido figurado, nada que ver físicamente con el pelo. Según ella es demasiado correcto y necesita perder un poco esa corrección. La expresión que usamos en España, también muy capilar es “soltarse el pelo”.

Tengo que decir que por una vez, la RAE está bien informada y recoge todas estas voces en su diccionario.

Los dejo con el poema de La Chascona, de Pablo Neruda.

La piedra y los clavos, la tabla, la teja se unieron:
he aquí levantada la casa chascona con agua que corre escribiendo en su idioma,
las zarzas guardaban el sitio con su sanguinario ramaje
hasta que la escala y sus muros supieron su nombre
y la flor encrespada,la vida y su alado zarcillo,
las hojas de higuera que como estandartes de razas remotas
cernían sus alas oscuras sobre tu cabeza,
el muro de azul victorioso, el ónix abstracto del suelo,
tus ojos, mis ojos, están derramados de roca y madera
por todos los sitios, los días febriles, la paz que construye,
Mi casa, tu casa, tu sueño en mis ojos, tu sangre siguiendo el
camino del cuerpo que duerme
como una paloma cerrada en sus alas inmóvil persigue el vuelo y el tiempo recoge en su copa tu sueño y el mío
en la casa que apenas nació de las manos despiertas.
La noche encontrada por fin en la nave que tú y yo construimos,
la paz de madera olorosa que sigue con pájaros
que sigue el susurro del viento perdido en las hojas
y de las raíces que comen la paz suculenta del humus
mientras sobreviene sobre mí dormida la luna del agua
como una paloma del bosque del sur que dirige el dominio
del cielo, del aire, del viento sombrío que te pertenece,
dormida durmiendo en la casa que hicieron tus manos,
delgada en el sueño, en el germen del humus nocturno
y multiplicada en la sombra como el crecimiento del trigo.
Dorada la tierra te dio la armadura del trigo,
el color que los hornos cocieron con barro y delicia,
la piel que no es blanca ni es negra ni roja ni verde
que tiene el color de la arena, del pan, de la lluvia
del sol, de la pura madera, del viento,
tu carne color de campana, color de alimento fragante,
tu carne que forma la nave y encierra la ola!
De tantas delgadas estrellas que mi alma recoge en la noche
recibo el rocío que el día convierte en ceniza
y bebo la copa de estrellas difuntas llorando las lágrimas
de todos los hombres, de los prisioneros, de los carceleros,
y todas las manos me buscan mostrando una llaga,
mostrando el dolor, el suplicio o la brusca esperanza
y así sin que el cielo y la tierra me dejen tranquilo,
así consumido por otros dolores que cambian de rostro
recibo el sol y en el día la estatua de tu claridad
y en la sombra, en la luna, en el sueño, el racimo del reino,
el contacto que induce a mi sangre a cantar en la muerte.
La miel, bienamada, la ilustre dulzura del viaje completo
y aún, entre largos caminos,
fundamos en Valparaíso una torre,
por más que en tus pies encontré mis raíces perdidas
tú y yo mantuvimos abierta la puerta del mar insepulto
y así destinamos a la Sebastiana el deber de llamar los navíos
y ver bajo el humo del puerto la rosa incitante,
el camino cortado en el agua por el hombre y sus mercaderías.
Pero azul y rosado, roído y amargo entreabierto entre sus telarañas he aquí, sosteniéndose en hilos,
en uñas, en enredaderas,
he aquí, victorioso, harapiento, color de campana y de miel,
he aquí, bermellón y amarillo, pupúreo, plateado violeta
sombrío y alegre, secreto y abierto como una sandía
el puerto y la puerta de Chile,
el manto radiante de Valparaíso,
padecimientos el sol resbalando en la oscura mirada
en los ojos más bellos del mundo
Yo te convidé a la alegría de un puerto agarrado a la furia del oleaje metido en el frío del último océano, viviendo en peligro,
hermosa es la nave sombría,
la luz vesperal de los meses antárticos,
la nave de techo amaranto,
el puñado de velas o casas o vidas
y se sostuvieron cayéndose en el terremoto que abría y cerraba el infierno,
tomándose al fin de la mano los hombres,
los muros,las cosas,
unidos y desvencijados en el estertor planetario.

4 comentarios:

  1. Pedro, qué interesante tu reflexión. Soy chilena y mi esposo, amante de la palabra "chascona", me ha venido a preguntar una traducción en su idioma. Toca la casualidad de que tampoco es chileno y como tú dices, comprende lo que significa y puede responderme si le pregunto si estoy chascona, pero cuando me pide traducción literal al francés, me vengo a dar cuenta de que no puedo darsela. Según sus románticas deducciones, ser chascona es ser una mujer libre y tal vez feliz. Desde hace un buen tiempo me llama "mi chascona", sin saber que Neruda llamaba así a Matilde, por supuesto yo sabía, pero no lo comenté nunca con él, para algunas mujeres es motivo de orgullo tener nuestro propio Neruda en casa, así, al azar del destino. Hace un tiempo fuimos a visitar la Chascona en Santiago y descubrió la coincidencia. Él sigue siendo fan de tan bella palabra y yo sigo feliz siendolo por naturaleza. Un abrazo Pablo, que seas feliz con tu chascona.

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    1. Muy bonita tu historia. Gracias por compartirla y cuida de tu poeta.

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    2. tremendo artículo, gracias!!

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  2. Hola Pedro, me gustó mucho el artículo, me siento identificada ya que siempre he sido una chascona, en el significado literal de la palabra. Gracias por compartir tu experiencia con este Chile Lindo.

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