Hipocorísticos. Seguro
que habéis leído el título y habréis dicho, hasta luego. Si sigues leyendo esto
ya tienes mérito. Vaya nombrecito el de hipocorísticos. Si me preguntan en la
calle qué son hace unos meses habría dicho que algún tipo de “bicho” que hay en
la sangre “me han hecho un análisis de sangre y tengo alto el colesterol y los
hipocorísticos”. O una antigua civilización mediterránea o una dinastía griega “las
columnas pueden ser de estilo dórico, jónico e hipocorístico” o “los
hipocorísticos invadieron Cartago en el siglo III a. de C. Pues no, resulta que
los hipocorísticos son los diminutivos
de los nombres propios de toda la vida. El Kiko, el Moncho, el Pepe o el
Paco… Anda que el que le puso el nombre… seguro que es el mismo que puso
profiterol a un dulce y dalsy a un medicamento (broma robada a alguien que lo
publicó en Twitter).
Soy español, casado con una chilena. Este blog surge de los numerosos malentendidos y anécdotas por los distintos usos del idioma. Me gustaría rendir un pequeño homenaje a la cultura chilena. Me gustaría aclarar que no soy lingüista. De hecho soy de ciencias puras, así que agradeceré cualquier información adicional que puedan facilitar.
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miércoles, 28 de enero de 2015
martes, 27 de noviembre de 2012
Nombres propios
Una de las curiosidades que me llaman la atención de Chile es la diferencia de popularidad de los nombres propio con respecto a España. Mi nombre, Pedro, está en desuso tanto en España como en Chile. Pero en Chile tiene una connotación especial, se considera un nombre "de campo". Mi mujer se llama Claudia. Ahora es un nombre muy popular en España -fue el séptimo más usado al inscribir a las niñas en 2010-, pero en mi generación no había apenas Claudias. En cambio en Chile ya nadie se lo pone a las guaguas.
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